“Cómo una clienta enamorada terminó creando una marca que abraza el alma”
Antes de ser parte de Ocho Fortuna… yo fui su fan número uno.
Entraba a esa tienda mágica con la emoción de quien vuelve a un lugar sagrado: colores, objetos lúdicos, humor, irreverencia amable y esa sensación de estar dentro de un pequeño universo donde el juego y la emoción convivían sin pedir permiso.
Era un espacio único, lleno de magia.
Había tableros de papel para escribir deseos, productos que te recordaban a tu niñez y una energía juguetona que te abrazaba al entrar. Yo, psicóloga de profesión y eterna buscadora de sentido, pensaba una y otra vez: “Qué maravilla sería mezclar esta magia con la psicología… crear objetos que acompañen, que sanen, que conecten.”
Un día me atreví.
Busqué el correo de Mauro —el fundador de Ocho Fortuna— y le escribí.
Le propuse tomar un café para contarle mis ideas: productos terapéuticos, pero con colores, humor, espontaneidad y juego.
La psicología… pero versionada desde lo bello, lo simple y lo lúdico.
Mauro dijo que sí.
Y en ese café nació una alianza y una intuición:
que juntos podíamos llevar esta magia más lejos.
Me lancé con todo.
Renuncié a mi trabajo, aposté por esta pasión y me embarqué al 100% en este sueño compartido.
Hasta que, dos años después, Mauro quiso abrir nuevos caminos.
Fue ahí cuando Ocho Fortuna quedó en mis manos.
Y yo… decidí honrar su esencia transformándola.
Cambié el logo, redefiní la identidad y escuché muy profundo lo que quería crear:
Una marca que uniera psicología, diseño, juego y emoción.
Una marca que acompañar a las personas —como si fueran pequeñas terapias en forma de objetos,
Con color. Con humor. Con alma.
Así nació esta nueva etapa:
Ocho Fortuna como un espacio de encuentro, de conexión emocional y de consciencia.
Un lugar donde los productos no solo decoran, sino que inspiran. Donde las cartas, los cubos, los diarios y las cajitas mágicas invitan a mirarte, compartir, conversar, jugar, agradecer y volver a sentir.
Un lugar que construye vínculos.
Que recuerda lo importante. Que abraza la vulnerabilidad con ternura y celebra la vida con humor y creatividad.
Hoy, Ocho Fortuna es eso:
Una marca que quiere contribuir a una sociedad más amable, más amorosa y más consciente. Que desea que nadie camine sola/o. Que sueña con que cada persona —al abrir uno de nuestros productos o asistir a uno de nuestros talleres— sienta que pertenece, que importa, que está acompañada.
Porque para mí,
la mayor fortuna de la vida está en la conexión humana.
Y eso es lo que quiero seguir compartiendo, hoy y siempre, con Ocho Fortuna.
Con cariño,
Fran de la Fortuna